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El software libre es para las personas

Mi amigo Benjamí Villoslada ha escrito lo que a mi parecer es uno de los más brillantes y certeros análisis de la situación actual en lo que respecta a la difusión y popularización del software libre.

Me he permitido traducir/¿traicionar? del catalán su artículo original .

Es algo largo, pero merece la pena. ¡Disfrutadlo!

Actualización 26-06-07: El presente artículo también ha sido publicado en gallego en http://myblog.es/mondoxibaro

El software libre es para las personas

Por Benjamí Villoslada

Es cierto que detrás de casi cualquier cosa hay personas; de las empresas también. Al decir personas me refiero a los indivíduos. Intentaré separarlos de la condición de empresarios y explicar por qué para ellos el software privativo no es percibido como una cosa mala. Intentaré argumentar por qué es necesario que expliquemos, a las personas, la importancia del software libre.

Las personas humanas y las personas empresario ante el software libre

Los empresarios acostumbran a tener presentes ventajas prácticas y económicas. Casi todos asienten al escuchar que los negocios requieren frialdad y praxis. Por eso valoran programas que no tengan costes de licenciamiento ni imposiciones de sus proveedores en el momento de modificarlos o mantenerlos. Es obvia la necesidad para una empresa de ser la propietaria absoluta de los procesos informáticos para gestionar su negocio.

Pero con demasiada frecuencia el software libre no pasa de los servidores a los escritorios de los trabajadores (ni tampoco a sus hogares). La facturación, contabilidad, escandallos y procesos de fabricación son digitalizados con un código libre del cual son dueños, pero los escritos y cálculos van a parar a un office que los codifica con fórmulas secretas y patentadas. También pasa con el ocio digital: libros, cine, reportajes, sonido, música y juegos.

Parece que las personas empresarios valoran sus procesos de gestión del trabajo, pero las personas humanas no son tan cuidadosos con su conocimiento.

Un motivo para no darse cuenta de las privaciones: no imaginar que las hay

No podemos comprar ningún producto con tantas restricciones como las del software privativo.

Si los alimentos sólo pudiesen cocinarse en algunas marcas de ollas; si los automóviles se negasen a circular por algunas carreteras no autorizadas por la marca; si las casas no admitiesen más reformas que las que hiciese el propio constructor, quizás entonces la gente también se daría cuenta de las restricciones del software.

Pero a menudo nos agarran desprevenidos en un mundo donde podemos decidir las herramientas con que cocinar; escoger un automóvil utilitario y viajar con él a cualquier parte; hacer tantas reformas como necesitemos y encargarlas a quien nos convenga. Las únicas restricciones que debemos soportar son la duración de la obra y su presupuesto económico. Entonces, ¿cómo nadie va a pensar que el software tiene tantas y tan retorcidas privaciones?

Los fabricantes de software quieren que las restricciones pasen bien desapercibidas por la mayoría de usuarios particulares. Son los que harán popular el programa, es necesario cuidarles para después conseguir el dinero de las personas empresario. Estos son los que pagan y consumen mientras nunca se pronuncian ni a favor ni en contra de nada. No tienen demasiada influencia social más que a la hora de vender sus propios productos y protegerse de la competencia directa.

Otro motivo para no darse cuenta de las privaciones: no vivirlas

Casi nadie nunca lee la licencia antes de aceptarla. Cuando lo hacen, ven las restricciones como una cosa lejana. Son para las empresas que los abogados pueden ordeñar a golpes de pleito. "A mi nadie me denunciará porque no tengo nada", suele ser la frase justo antes de olvidar el tema.

Algunos saben que el software privativo codifica sus trabajos y que más adelante será imprescindible tener una licencia para decodificarlos. Peró tampoco no les preocupa demasiado: hasta ahora nunca se han encontrado con que no puedan recuperar ningún trabajo suyo. Tienen todas las versiones de los programas que necesitan y sin pagar ni un euro.

Se pueden permitir tanto software porque las copias ilegales son bien fáciles de conseguir. Si los fabricantes quisiesen, la cosa se podría complicar bastante para los usuarios particulares -no digo los expertos. Pero, cada vez que se les hincha la vena restricitiva, los fabricantes de software recuerdan los beneficios colosales que dieron los programas que fueron récord en "piratería".

Suele quedar claro cuando las personas son el objetivo antipirateria. Es el caso de la SGAE y satélites. La mayoría de usuarios de software no perciben en absoluto a Microsoft o a Adobe como una SGAE. Casi nadie protesta al ver las condiciones y amenazas en una licencia de sus programas privativos, pero muchos se indignan al leer las notas legales antes de comenzar las películas en el cine o al conectar el DVD.

Los empresarios han sufrido las restricciones más contundentes

No pasa lo mismo con empresarios que gastan fortunas cada año en licencias y por eso muchos migran, poco a poco, silenciosamente, hacia el software libre.

La impresión social és que el software libre no avanza. La realidad es que muchos informáticos viven de él porque no es demasiado complicado convencer a los empresarios. En Microsoft lo saben, y por eso sus campañas anti-Linux hablan del precio y dicen que también ofrecen "código abierto". Nadie se los cree -ni tan sólo la propia Microsoft, por los detalles que hemos podido ver después de un par de años de campaña.

Mientras escribo esto pienso en los responsables de empresas medianas y grandes. Los empresarios de las pequeñas frecuentemente hacen como los usuarios individuales.

He visto casos de abusos importantes. Incluso bases de datos cifradas para tener bien agarrado al cliente. Son cosas a menudo perpetradas por empresas locales de informática que ofrecen programas propios. Su desmesura ha hecho que poco a poco queden en nada, una anécdota, este tipo de empresas locales con desarrollos propios -allá ellos.

En casa de la víctima, una pequeña empresa, no acostumbra a parecerles ningún disparate tener que tirarlo todo, de vez en cuando, y comenzar de nuevo. Tampoco es que hiciesen grandes cosas con los ordenadores. Los programas tampoco eran nada del otro mundo. Nunca se gastaron demasiado dinero -no hablan de invertir, sino de gastar. A menudo piensan que las cosas son así, cuando se trata de software, y esperan tener más suerte esta vez. Por eso últimamente buscan un programa estándar, bien conocido, ERP le llaman, porque piensan que así encontrarán más proveedores que lo conozcan. Les servirá para darse cuenta de que ahora también tienen un proveedor único, pero lejano. También de la presencia de un nuevo actor en el escenario: el intermediario/comisionista que le ha instalado aquel ERP que tiene muchos botones y posibilidades de personalización. Dicen. El comisionista y personalizador se hace imprescindible no tanto como tal, sino como intérprete que habla "con lenguage de informáticos" a un teléfono, que comienza por 902, cada vez que no se sabe por qué una cosa no funciona. La situación bítica del pequeño empresario nunca mejora por falta de información y interés en profundizar. Justo como los usuarios individuales.

Las empresas grandes no quieren nada de eso. Tanto es así que tienen informáticos en plantilla. El tictac interno es como si los programas fuesen libres, sólo que dentro del ámbito de la empresa y no del planeta. Han conseguido suficiente independencia a la hora de escoger proveedor (los empleados) y hacer modificaciones (el código es completamente suyo). El inconveniente es que tienen un monton de trabajo en comenzar demasiados proyectos desde cero, y por eso también les atrae mucho el software libre.

Llegados aquí podemos decir que las restricciones del software sólo existen, en la práctica, para quien puede pagar las licencias privativas. Los usuarios particulares y empresarios pequeños que se lo proponen, pueden hacerse a la ilusión de que la informática es así y no hay ninguna restricción preocupante. Si quieren, pueden permanecer sobre una nube, la mar de satisfechos por usar ordenadores. Los fabricantes les ponen el espejismo tan fácil como pueden.

La responsabilidad social de informar

Los ordenadores son herramientas para hacer vida social, y lo que los individuos hacemos con ellos hace mejor o peor la sociedad, en este caso, de "la información y el conocimiento". Es una cuestión de responsabilidad colectiva conseguir que ninguna megacorporación codifique con ninguna fórmula privativa, las tareas y actividades digitales de nadie. Es necesario que lo expliquemos porque las restricciones no son tan evidentes y no siempre se viven como tales.

Tan sólo hemos progresado cuando el conocimiento ha circulado. Por eso aprendimos a leer y escribir, anulamos el monopolio de los copistas de monasterio y usamos imprentas; ahora hemos hecho máquinas que se conectan a una Red que desplaza las bibliotecas a cada hogar.

Tenemos suficiente experiencia con la transmisión de información escrita y sabemos que funciona, pues hoy podemos leer los escritos de nuestros antepasados. Pero no sabemos si nuestros bisnietos podrán leer lo que hoy escribimos y guardamos, codificado, con los programas privativos populares en este momento.

Hoy es excesivo el conocimiento que circula codificado por la Red; los "contenidos" que tan sólo pueden ser leídos con el permiso de los amos de sus decodificadores -los programas. Un permiso por activa, comprándoles las licencias, o por pasiva, cuando permiten conseguirlos ilegalmente con toda facilidad. Son los nuevos vigilantes sectarios de las bibliotecas de los monasterios virtuales. Todos los hitos conseguidos cuelgan de un hilo.

No es una cuestión poco importante y es preciso que la primera generación de indolentes que están codificando pensemos en ello hoy. No podemos quedarnos cruzados de brazos, esperando que sean las generaciones futuras las que se espabilen y los decodifiquen. Quizás les habremos dejado una tarea demasiado complicada e irrecuperable. El permiso por pasiva se nos puede negar en cualquier momento.

[...] pues hablando con imparcialidad, siempre es una fatalidad tener que estar sujeto a un dueño, cuya bondad no ofrece más garantías que su capricho: y el depender de muchos es tener que sobrellevar otras tantas desgracias
"La servidumbre voluntaria ", Étienne de la Boétie (1530-1563).

Nos esperan restricciones, como el DRM , que pueden ser demasiado fuertes y difíciles de evitar para la mayoría de usuarios.

[…] Además, no había muchas posibilidades de que la SPA (la "Software Protection Authority", o Autoridad de Protección del Software), no lo descubriese. En sus clases de programación Dan había aprendido que cada libro tenía un control de copyright que informaba de cuándo y dónde fue leído, y quién lo leía, a la oficina central de licencias (usaban esa información para descubrir piratas, pero también para vender perfiles personales a otras compañías). La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la oficina central de licencias lo descubriría. Él, como propietario del ordenador, recibiría el castigo más duro, por no tomar las medidas adecuadas para evitar el delito.
–traducción de un fragmento de "El derecho a leer " un cuento de Richard Stallman .

Si no conseguimos una cantidad importante de usuarios de software libre que rechacen las codificaciones privativas del conocimiento, pronto sólo tendrán acceso al mismo los clientes de un puñado de megacorporaciones. Son mayoría y si nadie profundiza un milímetro, parecerá un mundo feliz donde todo está aparentemente tranquilo y no pasa nada grave. Habrá quedado en la nada la época en que Internet servia para que todo el conocimiento llegase a todas partes sin más requisito que una conexión, un ordenador y software relativamente fácil de conseguir. Hay mucho trabajo para hacer, porque ahora mismo está todo perdido.

Bajando a la Caverna de Platón

En Internet hay una ley no escrita que impide decir "estoy de acuerdo" después de leer argumentos convincentes. Esta ley anuladora del feedback positivo puede desanimar a quienes se impacientan por ver migraciones de usuarios después de dar buenas explicaciones sobre la importancia del software libre. Lo más económico es no esperar ver cambios mientras no dejamos de trabajar para que se produzcan en el momento menos esperado, a menudo silenciosa y discretamente.

Al fin y al cabo, cambiar de sistema operativo es un mareo considerable. No es ningún disparate compararlo con una mudanza y es de lo más seguro que los prudentes la quieran planificar con calma.

Quien tuvo un montón de trabajo para usar Windows, quizás ahora piensa que hará falta comenzar nuevamente desde cero.

Algunos son de naturaleza hostil a las novedades y esperan encontrar software libre idéntico al privativo que usan. Posiblemente necesitan su tiempo para que la vena conservadora dilate hasta admitir que que las novedades no muerden.

Destaca el grupo de los que probaron el software libre buscando arguméntos técnicos en vez de libertad. Quizás pillaron un momento en el cual no estaba suficientemente bien resuelto cualquier detalle técnico importante para ellos. Todo ello es diferente cuando se usa el software libre simplemente porque es libre. Si las cuestiones técnicas incomodan es necesario trabajar en ello, desde dentro y con la perspectiva de un técnico o usuario, hasta conseguir que podamos escojer diferentes calidades técnicas desde la libertad. Es una situación comparable a la democracia: ninguna persona como es debido dudará que desea antes, si carreteras o un gobierno democrático. Un ciudadano como es debido tampoco verá la democracia como una cosa que no va con él. Sabe que su voto cuenta y todo en conjunto son cuestiones de la comunidad. El software libre también es de la comunidad, técnicos y usuarios. Votamos usándolo y valorándolo.

También se dan situaciones de orgullo de difícil identificación. He visto personas que no pueden admitir que se han equivocado seleccionando el programa que usan. Que no darse cuenta de las restricciones ni vivirlas es un cosa que quieren hacer ver que no les pasa nunca. Por el contrario, les gusta mostrarse ufanos de su buen criterio a la hora de escoger todo lo que les rodea. Sus reacciones al informarles de la importancia del software libre pueden ser especialmente agresivas y confundirnos. Los ataques pueden ser ad hominem porque a menudo buscan toda clase de motivos para rechazar el consejo. Sólo ellos saben si valoran o no el software libre, o si tan sólo se trata de una explosión de frustación que irá amainando. Nosotros también lo descubriremos pero después de demasiado tiempo y no es práctico preocuparse. No demos demasiada importancia a estos episodios y nos ahorraremos sufrimientos.

Más arriba hablaba de "ciudadanos como es debido" por que los hay que no lo son. Cuando alguien es consciente de las consecuencias de las privaciones en el software pero las apoya, tenemos el caso de una persona a quien no comprarle ningún coche de segunda mano. Podemos confundirles con el grupo anterior, los orgullosos, pero hay matices importantes que necesitarán tiempo para salir a flote. No es raro descubrir - causalmente o no- alguna actividad empresarial -frustrada o no- de enriquecimiento mediante intentos descarados o sutiles -según su gracia- de embaucar a su clientela.

Esto no es ningún intento de clasificación de los usuarios, sino de explicar los casos que he visto mientras observaba las diferentes reacciones con intención de experimentar y tomar nota. Continuo curioseando y posiblemente más adelante podré añadir matices o explicar más casos.

Cuando nos explicamos en Internet lo hacemos mediante texto. Al escribir no es nada fácil transmitir nuestras intenciones ni estado de ánimo. Ni tan sólo lo consiguen la mayoría de escritores profesionales de éxito. Hemos de tener presente que quien nos lee pondrá su tono a nuestros escritos, proyectándonoslo. El violento encontrará que nosotros lo somos, pero difícilmente admitirá que él es violento -podéis cambiar la palabra "violento" por cualquier otra miseria humana, funciona. Es necesario estar preparado para recibir toda clase de reacciones, que deberemos tratar con la precauciones que pide la práctica de la espeleología en la Caverna de Platón .

Tal como están las cosas, la difusión del software libre es como bajar a la Caverna de Platón. Me anima ver que la situación estaba bien retratada el año 517aC. No hemos cambiado tanto. Quizás no está todo perdido, aún, y ojalá que esto del software privativo sea una viruela de la que acabaremos todos bien vacunados.

 

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Software libre, artículo

Estupendo articulo, magnífico!
Puedo copiarlo para mi blog y traducirlo al gallego?

Mondoxíbaro

http://myblog.es/mondoxibaro

 
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A Benjamí le encantará

Todo lo que publica Benjamí en su blog está con licencia CC-by-sa

Y, personalmente, creo que le gustará verlo en galego.

Gui?o

 

-- "Sólo el conocimiento nos hace libres"

 
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Traducción al galego

¡Claro que sí! Avísame ;)

--Benjamí

 
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Estupendo artículo, gracias

Estupendo artículo, gracias por traducirlo Ismael.

Un saludo de un colistero de OOo.

José Carlos.

 
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En gallego

Este estupendo artículo de Benjamí Villoslada ha sido traducido al gallego.

Disfrútalo en http://myblog.es/mondoxibaro.
--
"Sólo el conocimiento nos hace libres"

 

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