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Inmigrantes de todos los colores

Elisabet Bermejo, a quien no conozco personalmente, ha publicado en el blog Pintant... , que comparte con mis amigos Carles Pina y Xavi de Blas , el artículo "Venim del nord, venim del sud..." que me ha llamado poderosamente la atención. Como no puedo estar más de acuerdo con lo que plantea, le he pedido permiso para traducirlo y publicarlo en español. ¡Disfrutadlo y pensad sobre lo que expone!

Si queréis ver el recorte de prensa ampliado, pulsad sobre la imagen.

inmigrantes ilegales canarios en Venezuela Este verano nos hemos cansado de oir hablar de esto.

Lo que cambia es el rumbo del "cayuco" y que en aquel tiempo quizás recibía otro nombre.

Una joven venezolana me habló por primera vez de estos episodios que ilustra la fotografía.

Me comentaba que los inmigrantes, refugiados y exiliados políticos, de las postguerra civil española, llegaron en gran número a Venezuela, México, Cuba, en unas condiciones tanto o más precarias que los inmigrantes que llegan hoy a las costas de Andalucí o a las Islas Canarias.

También me dijo que mujeres catalanas, trabajando en casa, cosiendo para la industria textil y por unos sueldos miserables, hacían unas prendas de gran calidad muy apreciadas por los empresarios locales. De alguna manera rebajaron la entrada de ingresos de otras familias autóctonas. Los hijos de aquellos refugiados, estudiaron en las escuelas y universidades estatales de Venezuela -como ella misma- y también disfrutaron de la sanidad y la hospitalidad del país que les acogía.

Pero actualmente unos mecanismos nos hacen creer orgullosemente que somos el centro del mundo. Parece ser que en pocas generaciones podríamos llegar a pensar que somos la periferia orgullosa del centro del mundo.

Forman parte de estos mecanismos los argumentos racistas de la invasión de inmigrantes. Los racistas, bajo una apariencia políticamente correcta, repiten y repiten, desde los bares a las tertulias radiofónicas que: los inmigrantes incrementan las colas en el médico, ocupan las plazas de las guarderías, nos quitan el trabajo, bajan los salarios y, además (ya es la pera) hacen que retroceda el desarrollo tecnológico del país.

Argumentos conservadores de la derecha que pretenden desviarnos del verdadero objetivo de la humanidad, el bienestar de todo el mundo. Mientras los pobres se distraigan y se peleen para repartirse la calderilla no cuestionan la indecente cantidad de beneficios que se apropian un grupo reducido de poderosos accionistas de grandes compañías, banqueros, propietarios de la energía y de los medios de producción.

Sin embargo, guardo una cita en la memoria. Es de una activista marxista y feminista del siglo XIX que en una gira de conferencias por los EEUU y ante un numeroso auditorio en el Central Park de Nueva York, les espetó: "Lanzaremos tres bombas a las masas: inquietud, educación, organización".

Entendía las masas como el conjunto de la clase trabajadora del mundo, desde los desharrapados inmigrantes subsaharianos hasta la peluquera, el albañil, la maestra, el pizzero o la trabajadora de la ETT de turno. Entendía que era posible incrementar el bienestar de la población mundial, si conseguíamos que la clase trabajadora llegase al poder y instaurase los mecanismos necesarios para que eso se produjese. Además, decía que era inevitable hasta cierto punto. Que la humanidad no sería humanidad hasta llegar a socializar los medios de producción.

Es necesario recuperar estas ideas. Volverlas a probar. Ponerlas en práctica. Aprender de los errores y seguir avanzando. Los partidarios del "fin de la historia" pondrán trabas, desprestigiarán las ideas y habrá bastonazos. Los postmodernos dirán que todo se ha acabado, las clases sociales, y hasta el tiempo si les permitís decirlo, y que no queda nada por hacer.

Entretanto hay unos pocos que se llenan los bolsillos y unos muchos que mueren a puñados en los océanos del mundo, atravesando los muros de contención de las fronteras, o por las enfermedades derivadas del trabajo que realizan. Es esta historia la que debe tener un final.

Nota: La cita es d'Eleanor Marx. Extraída del libro: Eleanor Marx, la hija de Karl. Autora María José Silveira. Ed. Txalaparta.

Se trata de una novela biográfica y entretenida sobre la muchacha y famosos personajes de la época.

 

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